Todas (o casi) las cosas que me gustan de ti:
Tus besos. Tus labios. Que me abraces por la noche, por la mañana, por la calle, en la cocina, en la cama, porque sí... Tus chistes malos. Que escribas de puta madre. Que te gusten los animales tanto o tan poco como a mi. Que me cuides. Que me pidas besos. Tu energía. Tu culo. Tu fuerza. Tu valor. Tu cabeza (y la del apellido también). Tus manos. Tus orejas pequeñas y perfectas. Que hagas el monguer con frecuencia. Tus shorts y tus falditas de verano. Los colores de tus ojos. Tu corazón. Que juegues a fútbol. La cara que se te pone cuando me río de ti por un fallo a pesar de que eres la primera que se mofa de cada una de las cagadas de los demás. También de la cara que pones cuando te entusiasma algo. Tu voz. En la cama, o con la guitarra. Que escribas canciones. Que me las enseñes y me las toques. Tus tetas. (¿Hay algo de tu cuerpo que no me guste?) Que me chupes para hacer el tonto. Que me dejes dormir un poco más por las mañanas aunque ya estés despierta. Que me quieras bien. Que sepas cuidarte. Tu pelo. Tus ilustraciones. Tu imaginación. Que te encante la música. Tu casa. Tus besos con lengua. (me repito, ¿y qué?) Que eres encantadora y cariñosa. Que me dejes darte todos los besos del mundo. Que me des libertad. Que pidas y no exigas. Que seas fácil y lo hagas fácil. Que me soples la cabeza y ahuyentes los pensamientos que me encierran. Que me hagas reír. Que te acuerdes de casi todo. Que me vuelvas a hacer reír.
Y me odio. Me odio mucho. Me odio tanto que a veces me deseo cosas malas. Quiero partirme una pierna, lanzarme a un coche, caer de la bici, darme golpes contra la pared. Que me encuentren un puto agujero en el cerebro que explique por qué siento tanto miedo cuando quiero querer, cuando puedo perder, cuando pienso en el futuro. Me odio tanto que me lloraría cada día, angustiada, absorbida, enferma de relamerme las heridas. Me odio porque me culpo, porque no me permito ni ser, ni estar, ni avanzar. Porque ahora te quiero y ahora te quiero mal. Porque cuando te tengo no lo quiero y cuando no, te quiero besar. Porque no puedo estar contenta, pero tampoco triste. Porque ni siquiera me permito llorar. Porque lo tengo todo y no quiero nada.